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¿Puedo aprender algo del COVID-19?

La Ciudad de México cuenta con un mar de gente con profundidades desconocidas; existen todo tipo de nacionalidades, generaciones, niveles sociales, razas, religiones, lengua, género, sexo, maneras de pensar y de opinar…vivir en esta Ciudad definitivamente es vivir con el factor sorpresa. Es un rincón del mundo que cuenta con diferentes especies que nadan en cardumen mas no quiere decir que vayan juntos o hacia el mismo sitio.

Para algunos, la rutina puede centrarse en su trabajo diario, cumplir con un horario de 8 horas de lunes a viernes, trabajar al día con algún puesto en la calle, o intentar sobrevivir pidiendo alguna moneda; los traslados van desde ir a pie, en transporte público a poder ir en un automóvil o motocicleta. Al ser una ciudad mar, se viven todo tipo de historias, desde una pelea por un asiento en un vagón del metro, hasta accidentes automovilísticos provocados por llevar prisa. Hemos vivido sin pausa.

Desde hace unos meses, el mundo entero se ha detenido. Esta rutina de la que hablamos ha cambiado de salir todos los días queriendo alargar el tiempo, a no salir y querer que el reloj vaya más a prisa para que podamos volver.

Me han preguntado en el trabajo, ¿cómo lo tomas tú que nunca estás quieta? Así que he decidido cambiar la pregunta a ¿cómo lo hemos tomado todos? Es verdad que existe una inmensa incertidumbre sobre los días postreros, que muchos estamos escribiendo nuevas historias y que algunos otros desafortunadamente, no lo van a poder contar.

¿A qué voy con esto? Siempre he defendido a capa y espada la Cultura Organizacional con una premisa fundamental “trabajar por y para la gente”, un estilo de vida más allá de un compromiso obligatorio u horas de trabajo que cubrir, creemos que como personas podemos generar cambios tangibles no solo en una organización, sino en nuestra sociedad, e incluso con nuestra familia y nuestra persona. El COVID-19 se presenta a su vez, como una oportunidad para percatarnos de aquello que no estamos haciendo bien, es decir, peleamos por un asiento vacío, por llegar primero, vivir en esta Ciudad se ha vuelto una competencia.

Estos días nos han permitido volver a nuestras raíces, a casa con nuestra familia, convivir y pasar un tiempo de calidad, recordar e interactuar con nuestros hobbies, nuestro espacio, lo que podemos aprender desde casa, nuestros sueños, nuestras pasiones, nuestro motor para salir adelante, somos una pieza única para hacer que el mundo siga girando. Así que, permitamos que este tiempo nos recuerde como era ser niño, que si había un problema siempre encontrábamos nuevos caminos o los inventábamos; la cuarentena pasará y juntos, lograremos que todo vuelva a tomar su lugar.

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